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Que la transfobia termine de una vez por todas

Cada 31 de marzo, conmemoramos el Día Internacional de la Visibilidad Trans. Afortunadamente, cada vez más personas están pudiendo vivir su identidad con mayor libertad, gracias al apoyo legislativo y social que en España, y más concretamente en La Rioja, estamos construyendo. Muestra de ello es la gran acogida que están teniendo los encuentros trans en el Centro LGTBI+ que gestionamos. Acude mucha más gente de la inicialmente prevista y se han tenido que desdoblar los grupos y adaptar el espacio para que todo el mundo pueda participar.

No obstante, este día nos parece fundamental para recordar que la población trans es receptora de múltiples violencias, como recuerdan desde la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans, Bisexuales, Intersexuales y más (FELGTBI+), que visibiliza que en el último año en España, una de cada 4 personas trans ha sido agredida física o sexualmente (26,70%), el 35,60% ha sufrido acoso y el 37,80% discriminación.

A la vista de estas violencias, Marta Alonso, representante de la ejecutiva de FELGTBI+, reclama “la aprobación urgente del Pacto de Estado contra los discursos de odio hacia los grupos vulnerables que llevamos años reclamando junto a otra decena de entidades que trabajan por los derechos humanos”. Es urgente y necesario legislar para su erradicación y, sobre todo, para proteger a las personas que sufrimos las consecuencias más directas. Porque los discursos generan violencia y las agresiones son su consecuencia.

Por otra parte, casi la mitad de las personas trans de nuestro país (48%) se encuentra en riesgo de pobreza. La investigación revela, además, que 1 de cada 4 hogares de personas trans ingresa menos de 1.000 euros al mes y 3 de cada 10 personas trans presentan baja intensidad laboral (solo cuenta con 3 meses al año de trabajo remunerado).

Del informe se desprende que solo la mitad de las personas de esta parte del colectivo asegura no haber tenido ninguna experiencia relacionada con el sinhogarismo y que su porcentaje de temporalidad laboral es más del doble que el de la población general.

En días como hoy se hace necesario recordar que se debe reducir cualquier estigma, en todos los ámbitos. Que no se trate la diversidad como una patología ni como motivo de exclusión. Es necesario facilitar a las personas trans la gestión de su documentación y que esta no pueda revertirse por criterios políticos o religiosos. Los estigmas y prejuicios hacia las personas trans lejos de disminuir vuelven a reproducirse, amplificados en los últimos tiempos por los discursos de odio de muchos líderes mundiales. Esto tiene repercusiones en nuestro día a día y fomentan barreras que tenemos que enfrentar y nos impiden acceder o mantenernos en el mercado laboral en igualdad de condiciones al resto.

Sobre los discursos de odio disfrazados de feminismo

Cuando hablamos de discursos tránsfobos en el movimiento feminista, hablamos de feministas radicales trans excluyentes (en inglés, TERF, “trans-exclusionary radical feminist”), o sea, supuestas feministas que con visión hembrista rechazan, invisibilizan y denigran a las personas trans y que, en muchas ocasiones, también asimilan al movimiento LGTBIQ+ con delitos relacionados con la corrupción de menores en formas terroríficas como el abuso, las agresiones sexuales, la pederastia o el abuso.

En Gylda, como asociación, decidimos de forma asamblearia no hacer publicidad a estos discursos, que atacan directamente al colectivo LGTBIQ+ y buscan la confrontación y la desinformación. Además, consideramos que representan un gran problema de salud pública: por la desinformación que ofrecen y por los daños que provocan en la salud mental de quienes les escuchan. En estos casos, únicamente, participamos en los medios de comunicación que nos piden testimonio, como así hicimos con la petición que amablemente nos hicieron desde los informativos de la Cadena SER de La Rioja para denunciar la situación del 29 de marzo.



Un ejemplo reciente

El pasado sábado 29 de marzo, la biblioteca general de La Rioja acogió la presentación de un libro tránsfobo, cuya convocatoria se remitió, entre otros formatos, mediante un email enviado al profesorado riojano en sus emails corporativos.

En cuanto se tuvo conocimiento, activamos nuestro activismo silencioso. El de los despachos, los mensajes y llamadas. No es público pero existe. Nos pusimos en contacto con la dirección de la biblioteca, la dirección general de Cultura y de Igualdad, con la Consejería… y también en conversación con el Centro LGTBI+ que gestionamos y a donde llegaron varias quejas.

En pocas horas recibimos muchos mensajes, algunos repletos de dolor, ya que, este libro, lejos de ser un análisis riguroso o un ejercicio de reflexión sobre los derechos de la infancia y la adolescencia, es un ataque directo contra las personas trans y sus familias. Un ataque provocador que llegaba, de la mano de las autodenominadas “Feministas de La Rioja», precisamente dos días antes del Día de la Visibilidad Trans.

Consideramos que nada constructivo puede surgir de ese tipo de confrontación directa, ya que las más que razonables intervenciones y argumentaciones en su contra, son utilizadas para expandir y fortalecer un discurso de respuesta basado en la demagogia y falacias lógicas, diseñado con precisión quirúrgica para convencer a quienes les interesa.

En la asociación Gylda creemos en la libertad de expresión y de opinión, pero también somos conscientes de que estamos en un estado de derecho regido por leyes y normas que, en esta ocasión, claramente se están incumpliendo. El libro y su autora difunden mensajes que van en contra de derechos reconocidos por la Ley 4/2023, de 28 de febrero, para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos LGTBI, así como por la Ley 2/2022 de La Rioja, en especial sus artículos 3 y 5.

Las bibliotecas públicas deben ser espacios de encuentro, conocimiento y reflexión en positivo. Lugares donde toda la ciudadanía pueda acceder a información veraz, contrastada y respetuosa con los derechos humanos. Espacios de inclusión, donde se defiendan los valores democráticos y se proteja la diversidad de nuestra sociedad. Permitir esta presentación supone dar voz a discursos que fomentan la discriminación y ponen en peligro la igualdad y la dignidad de muchas personas.

El Gobierno de La Rioja indicó que no era un acto organizado por ellos y que la publicación no tenía ninguna denuncia, motivo por el cual no impedían su presentación en la biblioteca pública, subrayando que la organización era externa al Gobierno regional. Finalmente se permitió la conferencia en la que se mostraron imágenes de personas trans de nuestra región sin su consentimiento, así como imágenes de cuerpos ensangrentados que decían ser de “mutilaciones trans” sin realmente demostrar la veracidad de su origen, lo que, además de desagradable, creemos que quizá vulnere derechos fundamentales.

Dar voz a mensajes que ponen en riesgo los derechos y el bienestar de una parte de nuestra sociedad no es neutralidad, es complicidad.

Necesitamos que los espacios públicos, como puede ser en este caso la Biblioteca de La Rioja, sigan siendo un referente de cultura, diálogo y respeto para todas las personas; y que las actividades amparadas por las instituciones públicas acojan a toda la ciudadanía y no excluyan a nadie con mensajes que tergiversan la realidad y fomentan la discriminación.

Seguimos trabajando. Las instituciones y espacios públicos dedicados al conocimiento deben garantizar la certeza, la igualdad y el respeto de los derechos humanos. Por tanto, no cabe en ellos el lanzamiento de ideas e hipótesis que, además de atentar contra estos valores, están basadas en falacias propias de algunas redes sociales o en enrevesadas correlaciones entre variables contabilizadas y representadas en estudios de parte con información sesgada y extractos tendenciosos.